CASTILLO DE CORBANERA, MONTE.

Castillo de Corbanera,Monte.  Principios de Siglo XIX.

Los puntos principales del proyecto de defensa de Santander ejecutado en 1874 incluía tres nuevos reductos de campaña: el de la ermita de San Miguel en Monte (donde se colocarían siete cañones de 12 y 16 cm), el de Pronillo (otras siete piezas de 12 y 16 cm) y el de Fuerte Mar, sobre las vías del ferrocarril y cerca del antiguo de Santa Cruz (con tres cañones, uno de 16 cm y suponemos que los otros de 12 cm), abiertos por la gola a causa del importante ahorro que esto suponía (30.000 ptas. sólo los dos primeros) y por este mismo motivo alguno sin cuerpo de guardia en las baterías, debiéndose como sucedió en Pronillo ocupar viviendas particulares anexas para el acomodo de las tropas de Artillería que la guarnecían.

Esta línea fortificada que pretendía aislar la península de Santander incluyó la vieja batería de San Pedro del Mar. El muro aspillerado que la rodea por tres de sus frentes, de mejor factura que el que se levantó en 1807 a base de piedra y madera, la convertía en un excelente reducto de cierre por el lado norte de todo este sistema. Así la función primigenia de la batería, la de proteger con sus cañones la parte de costa correspondiente, quedó anulada (aunque desde hacía muchos años sus características la hacían inútil ante las potentes piezas de los acorazados) en aras de una concepción defensiva distinta, que miraba hacia tierra al no temer ataques por mar (los carlistas carecían de una escuadra siquiera mediana).

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También se llevaron a cabo otras estructuras de nueva factura siguiendo la moda neomedieval, el “castillo” circular de La Corbanera y el semicircular de la Albericia, y dos torres octogonales aspilleradas para defender la carretera de Burgos. Por lo que respecta a la cortina, tenía a lo largo de su recorrido un total de veintisiete garitas y varias puertas con rastrillo, además de las fortificadas de Corbán y del Camino Real a Burgos. Estaba dotada de su correspondiente banqueta de madera para la adecuada colocación de los fusileros, adaptándose su trazado a la orografía y presentando diversos redientes y baluartes para cruzar eficazmente los disparos evitando ángulos muertos. Protegía la línea un foso seco con escarpa y contraescarpa revestidas de piedra en seco y coronadas con tepes, cuyos restos aún son visibles en varias partes de su recorrido.

Puesto que recaudaba los arbitrios, el municipio debía encargarse de resarcir a los propietarios de los terrenos ocupados por las obras (las indemnizaciones por este concepto ascendían a 107.801,36 ptas.) y de proceder a su derribo una vez devinieran inservibles; al negarse a esto último la entidad local se dictó Real Orden el 4 de julio de 1876 acordando que su destrucción se dejase á la acción del tiempo, a pesar de ello todavía en 1976 quedaban “unas decenas de metros de tapia aspillerada, adosada a las ruinas de Villatorre, en Pronillo”.

El erróneamente llamado “castillo” de La Corbanera es así en realidad un reducto típicamente neomedieval compuesto por una torre central inserta en otro recinto, también de planta circular. La función defensiva pasa así al recinto exterior, limitándose la torre a acoger en sus diversas plantas los servicios para la guarnición, y a emplazar en su azotea si fuera preciso algunos cañones de mediano calibre. En ausencia de su plano, podemos hacernos una idea de su distribución interior observando la de la torre de Francisco de Asís en Ceuta, y en cuanto a dimensiones y disposición general, podemos compararlo con el “fuerte” de San Lorenzo en Melilla.

Su carácter cerrado le permitía ejercer las funciones de punto de refugio en caso de rotura de la línea, haciendo frente a los ataques producidos desde cualquier parte, incluso desde el interior del perímetro que protege. Esta posibilidad de defensa no la tenían ni el reducto de La Albericia, que era un semicírculo orientado al oeste, ni los tramos de cortina aspillerada que cortaban la península de Santander, y que poseía su banqueta en la pared este. Por lo que toca a la batería de San Pedro del Mar, el muro aspillerado que la rodea por tres de sus frentes la convertía en un excelente reducto de cierre por el lado norte de todo este sistema.

Se puede considerar esta solución como el empleo de un frente poligonal compuesto por una cortina con varios reductos curvos a modo de caponeras. Esta solución de emplazar reductos circulares o semicirculares en diversos tramos de un frente continuo se utilizó también en la muralla de la playa sur de Santoña, totalmente desaparecida. Aquí se trataba de una cortina de cerca de 900 m de longitud total en la que se disponían tres baluartes y una fortificación que ejercía las funciones de cierre por el lado este (el fuerte de San Martín); sin embargo, el hecho de que esta muralla tuviera por objeto impedir el acercamiento de buques acorazados dotados con gruesos cañones motivó que fuera completamente acasamatada.

Centrándonos en el reducto de La Corbanera, el recinto exterior mide 50 m de diámetro y posee un pequeño cubo a modo de caponera en cada uno de los puntos cardinales. La torre central, con gruesos muros de 2 m de anchura, tiene un diámetro de 14 m, lo que da una superficie interior de unos 31 m2 por planta.

Construida en buena mampostería, cuenta con ligera escarpa y una línea de aspilleras horizontales a media altura, en ladrillo revocado de cal, mientras el coronamiento se resuelve a base de aspilleras rasgadas. Como apreciable engarce con la escuela clásica de fortificación española, presenta cordón recorriendo todo su perímetro exterior.

En el centro de la estructura se sitúa la antedicha torre neomedieval que haría las veces de cuartel y almacenes, en cuya terraza se colocarían dos obuses de 16 y 12 cm. Del reducto salen dos trozos de cortina, de sección pentagonal, con una anchura media en su coronamiento de 50-55 cm Sus aspilleras, a diferencia de las del recinto circular, son verticales, se disponen cada 120 cm y presentan un derrame al interior de 45 cm y al exterior de 10 cm.

Texto cortesía de Rafael Palacio Ramos (Doctor en Historia por la Universidad de Cantabria Director-Gerente de la Casa de Cultura de Santoña.)

Esta interesante construcción formaba parte de la línea de fortificación de 1874 en la zona de Corbanera, La Maruca, en Monte (Santander, Cantabria). Constituyó el principal elemento defensivo de la línea de murallas, fortificaciones y baterías construido para proteger a la ciudad de posibles ataques carlistas durante la Tercera Guerra Carlista (1872-1876). Es un monumento declarado Bien de Interés Cultural.

La línea de fortificación de 1874 cortaba el istmo de la península de Santander, por medio de una línea de trincheras, desde la Marga, al sur, hasta la ensenada de La Maruca o de San Pedro del Mar, al norte, en mar abierto. Dicha línea se reforzaba con este fuerte de Corbanera, el de la Albericia, muy semejante en forma y cronología, y la Batería de San Pedro del Mar, originaria de 1763. Una vez finalizada la contienda, el arquitecto Alfredo de la Escalera diseñó un proyecto para albergar en ella una cárcel provincial que finalmente se ubicó en un solar del antiguo cementerio de San Fernando.

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El castillo de Corbanera, Santender.

Elementos arquitectónicos:

Cuerpo central troncocónico, de gran altura y un muro-cortina alrededor. Conserva merlones fusileros que de vez en cuando se refuerzan con cubos semicirculares. La fortificación es de planta circular de 50 m de diámetro y un muro de un metro de espesor, realizada en mampostería aparejada con mortero. De estampa neo medieval contiene elementos propios de la arquitectura defensiva, sus torres orientadas a los cuatro puntos cardinales y una torre central con gruesos muros, que era el polvorín y cuartel de la guarnición.

Construido en 1874 como parte de las defensas de la ciudad diseñadas por el coronel José Almirante, que iban desde la batería de San Pedro del Mar junto a la playa de La Maruca en el Norte hasta Fuentemar (la actual zona de La Marga, en el barrio de Castilla-Hermida), al Sur. No llegó a ser probada su resistencia ya que la plaza no fue atacada.

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El castillo de Corbanera es una fortificación militar construida en 1874 en la zona de Corbanera, La Maruca, en Monte (Santander, Cantabria)

CONTEXTO HISTORICO

Al finalizar la contienda en 1876 se proyectó su uso como cárcel provincial, pero fue desestimado, construyéndose dicha cárcel en el terreno que había ocupado el cementerio de San Fernando, en la actual calle Alta santanderina. Durante la Guerra Civil se le añadió un recinto de hormigón en la torre central. Al finalizar la guerra se permitió la construcción de algunas viviendas en el interior del castillo.

En mayo de 2012 el Gobierno de Cantabria aprobó la declaración como Bien de Interés Cultural del castillo, incluyendo terreno suficiente en los alrededores para proteger la visión del conjunto así como la visión de la mar desde la edificación.

La tercera guerra carlista se inició una vez destronada Isabel II, ya en el Sexenio Revolucionario. Beneficiados por el clima de libertad que introdujo la revolución de «La Gloriosa», el carlismo había revivido como fuerza política. Pero la llegada de Amadeo de Saboya provocó la insurrección armada de una parte de los carlistas, mientras que otra facción constituyó una pequeña fuerza política opuesta a la nueva monarquía y con posiciones enormemente conservadoras. El pretendiente esta vez era Carlos María de Borbón, y el conflicto acabará con la definitiva derrota del carlismo, ya durante los primeros años del reinado de Alfonso XII. Los generales Martínez Campos y el general Fernando Primo de Rivera derrotaron a los carlistas en Cataluña, Navarra y País Vasco.

El 28 de Febrero de 1876 finalizan las guerras carlistas. Tras ellas el carlismo moderado se separaría para siempre de la corriente levantisca para formar una opción política alternativa al liberalismo.

Bibliografía:

Camino y Aguirre, F.G.: “Castillos y fortalezas de Santander”. En: La Revista de Santander, 1930, pp. 76-87
González Echegaray, M.C.: Casado soto, J.L.: Las fortificaciones de La Maruca. Santander, 1978
González Echegaray, M.C.: “Piratas en la costa de Santander”. En: Historias de Cantabria, 1992, nº 2, pp. 23-37
Castillos de España, Tomo I, Editorial Everest, León, 1997, pp. 617-638

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