EL FINAL MILITAR DE LA PENINSULA DE LA MAGDALENA.

Península de la Magdalena-1905

En 1905 se produjo la supresión definitiva de los Parques de Artillería de Santander y Santoña, que significo que Cantabria dejaba de contar en el orden estratégico nacional.

Con el paulatino desplazamiento municipal comenzó una pugna para hacerse con unos terrenos antes ocupados por fortificaciones estratégicamente ubicados ocupando un lugar clave en el desarrollo urbanístico y económico de Santander ciudad.

En la lucha por el espacio se implicaron instancias municipales y particulares, que defendieron unos derechos que a veces se retrotraían hasta el antiguo Régimen.

A finales de del siglo XIX, la península de La Magdalena se había convertido en un botín disputado por el ayuntamiento y el ministerio de Guerra; ambos organismos hicieron valer en los años siguientes sus razones para hacerse con su entero disfrute, si bien la realidad del escaso papel futuro que tenía Santander como plaza fuerte  y el crecimiento de la ciudad, con mayores exigencias urbanísticas, comerciales y de ocio, irá decantando la lucha a su favor. A la primera construcción civil emplazada en su suelo, el faro de La Cerda, se le unieron otras en las décadas siguientes levantando de nueva planta o aprovechando instalaciones para nuevos servicios como el Mareógrafo.

En 1894 se dictó Ley aprobando la cesión al ente local para dedicarlos al esparcimiento público, salvo la zona del polvorín, reservada esta para caso de guerra. En 1895 se firma el acta de entrega y el ayuntamiento facilita un local aceptable para ubicar el polvorín, con lo cual esos terrenos también pasan a manos municipales.

El ministerio de la Guerra aludía a la poca extensión de la península y al gran número de edificios militares que contenía y a los que estaban por llegar si realizaban los proyectos que tenían en marcha, lo que obligaba a su entera ocupación.

El ayuntamiento ordeno no demoler las baterías de reciente construcción con motivo de la guerra  con los EEUU hasta que no se construyeran las definitivas. La necesidad de construir baterías en 1898 otorgó al Ejercito una victoria importante, pero breve. Posteriormente desechados los nuevos proyectos de fortificación, el Ayuntamiento consiguió su objetivo.

Península de la Magdalena 1908

En 1909 se levantó el Acta definitiva de entrega, reservándose para la Guerra las Baterías en construcción, cuarteles, alojamientos, parapetos, caminos cubiertos de servicio. Poco después Alfonso XIII se retractó y permitió ocupar también las baterías.

En 1912 se entregaron todos los edificios al Ayuntamiento y la finca fue inscrita en el registro de la propiedad y se empezó con la plantación de arbolado y jardines para el recreo de la población civil.

Bibliografia: El entramado defensivo de Santander (siglos XVI a XIX), Rafael Palacio Ramos.

palacio de la Magdalena 1912

Faro de la Cerda en 1922

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