LA GUERRA DE CUBA POR LA PRENSA DE CANTABRIA.

Tropas embarcando en el puerto de Santander a bordo del buque León . 1896
Tropas del 6º Batallón Penínsular embarcando en el Vapor “León XIII”. 1895

La prensa de Cantabria, como toda la prensa española, fue muy sensible ante el desarrollo de los conflictos coloniales promovidos en Filipinas, Cuba y Puerto Rico. También en nuestro modesto semanario EL EBRO dirigido por D. Demetrio Duque y Merino, que inició su publicación en 1884, años antes de que el problema colonial alcanzara su infausto desenlace, se observa ya esa exaltación patriótica como consecuencia de la, hasta entonces inédita, presunción de infortunio a nivel nacional y que ha dado lugar a detenidos análisis de cronistas y críticos contemporáneos:
“Es curioso observar, dice un comentarista, cómo la pérdida del continente americano, en tiempos de Fernando VII, apenas trascendió a la opinión española (…) en cambio la pérdida de las últimas islas provocó una de las más tremendas crisis de conciencia interior de nuestra historia. La derrota fue como una violenta pedrada en el tranquilo remanso de la restauración.”

Aparte de otras circunstancias, también adversas, este hecho decisivo fue una de las causas de la tan traída y llevada idea de la decadencia.

Volviendo a nuestro periódico EL EBRO, en un mismo número, de fecha 30 de Agosto de 1885, se publican diversos artículos sobre el mismo tema: la preocupación de una presunta guerra , que encierra latente un radical patriotismo: El editorial, bajo el título “Todo por la Patria”, censura fuertemente “el acto vandálico llevado a cabo por los rapaces tudescos que hicieron presa alevosa en las islas de nuestro archipiélago carolino” y lo hace reconociendo “nuestra pequeñez (la del periódico) y escaso valimiento dentro del periodismo español”.

Don Ángel de los Ríos se despacha muy a su gusto, en un artículo titulado “sobre las Carolinas”, fechado en la feria del Mercadillo.

El colaborador reinosano, Antonino Blanco, firma un poema bajo el epígrafe “¡Viva España!”, que comienza con la siguiente estrofa: ¡Con intenciones villanas, viendo a España, casi en ruinas, las águilas alemanas robaron Las Carolinas que son colonias hispanas!

En una sección habitual del periódico, “Noticias provinciales y locales”, leemos: “Hace cuatro o cinco días que se halla en la cárcel de Santander, a disposición del Gobernador militar, el cabecilla cubano Manuel Agüero.” Y otra nota, pensamos que relacionada con el tema: “El lunes salió precipitadamente para Madrid, llamado telegráficamente por el Gobierno, el General de Marina, Don Juan Bautista de Antequera, que se hallaba veraneando en esta Villa.”

Abundando en el ambiente de la villa, y, a través del número siguiente, nos informamos del éxito obtenido por la representación en el teatro local de una loa titulada ¡Viva España!, obra de Julio Más, actor de la compañía que acababa de representar una comedia que, por otra parte, no mereció comentario alguno.
También se publica un soneto: “La Bandera Española”, que termina:”Cuando con vil traición o torpe dolo pisarla intente audaz el extranjero, teñida la veréis de un color solo.” Su autor, un colaborador asiduo, Manuel del Palacio.

Distintas notas publicadas en EL EBRO, en los próximos años nos dan cuenta de la relativa calma en la isla de Cuba, pese haber estallado, ya en 1885, el célebre grito de Baire, cuando los débiles intentos de insurrección tomaron fuerza por contar ya con dirigentes de cierto prestigio: el General Máximo Gómez, el cabecilla popular Maceo y el poeta Martí.

En 1886 se celebra una fiesta en el Teatro Tacón de La Habana a beneficio de la Sociedad Montañesa de Beneficencia, en la que intervinieron danzantes montañeses, costumbristas pasiegos y una sociedad coral y ya en noviembre de este año se anuncia que se harán envíos de castañas para la isla de Cuba, con destino al consumo durante las fiestas navideñas, en cuya época tienen gran aceptación.

Todavía en Noviembre de 1889, se ofrecen en el vapor Alfonso XII, cincuenta plazas de emigrantes con destino a la “nueva colonización” en Cuba, según nota del periódico santanderino EL ATLÁNTICO.

Pero siguiendo con la prensa de Reinosa, aunque sin olvidarnos de los periódicos santanderinos, de los que hemos extractado datos básicos sobre las incidencias de la guerra, entendemos que es primordial la información que nos ha de proporcionar otro semanario reinosano CAMPOO que se inició con el número correspondiente al 5 de Julio de 1894. Su director fue Adolfo de la Peña y como colaboradores habituales tuvo, entre otros a Ángel de los Ríos, Sánchez Díaz, Agustín Alba y otros que utilizaban seudónimos, Garín y Tiang Su. Todos ellos realizaban su labor influidos por el ambiente que se respiraba en toda España, con comentarios diversos, desde la crítica seria y exigente hasta el humor y la rechifla. Vayan unos ejemplos de intenso sentido patrio:

14-5-1895.-” La voz del separatismo ha llegado hasta lo más profundo de nuestro ser, hiriendo en lo más profundo del sentido patrio (…) El Gobierno ha dispuesto el inmediato embarque de miles de hombres (…) Pidamos a Dios que les conceda un feliz arribo a las costas de América…”

11-7-1895.- Critica Ángel de los Ríos un escrito del que no indica su procedencia, que trata de justificar la insurrección cubana. “Otro Picahistorias”, se titula el artículo, refiriéndose al autor del citado escrito, aunque no revela su nombre, parece que como signo despectivo. En el siguiente número, otro colaborador asiduo de CAMPOO, Agustín Alba, censura la situación política de la nación y sus equivocaciones en las medidas adoptadas por causa de la guerra.

15-8-1895.- Recoge un comentario del periódico francés LE MATIN, en el que muestra su admiración por la facilidad con que España ha enviado 80.000 hombres a Cuba y compara esta actuación con los esfuerzos que hubo de realizar Francia para enviar 10.000 hombres a Madagascar, siendo un problema similar.

28-11-1895.- En su editorial titulado “Tristes reflexiones”, expone la grave situación a que se había llegado “dados los innumerables gastos y los sacrificios inmensos que se estaban realizando para volver la paz a la isla (…) La situación creada por la guerra es gravísima. “

Durante este mismo periodo de 1895 se publican otras noticias como la insólita transcrita de EL IMPARCIAL, diciendo que el propio Maceo, cabecilla revolucionario, dijo durante el encuentro que tuvieron las fuerzas contrarias en Arroyo Hondo: “No importa que hayáis matado a Maceo; tenemos otro general todavía mejor”. Ángel de los Ríos hace un chusco comentario del suceso y Tiang Su, encargado de la sección Chinitas, insiste sobre el tema: “Ayer murió Maceo. Al otro día, que no ha muerto, la prensa nos decía… Total, que no sabemos de esta guerra ni de sus triunfos, la verdad que encierra.”

Y una, entre tantas noticias que llegarían a los hogares españoles, como constancia de la amarga realidad: “El 25 de Abril de 1895 se publica un comunicado del Jefe de la Guardia Civil en la isla de Cuba, por causa del fallecimiento del guardia Manuel López Moreo, natural de San Andrés de Los Carabeos, en la enfermería de Guantánamo, indicando que se instruyan expedientes para conocer los parientes más próximos”.
Con fecha 30 de Enero de 1896, Sánchez Díaz publica en la sección Momentánea, el caso de una algazara infantil que se produjo en la tranquila villa de Reinosa de hace un siglo. Desfilando en columna, atravesaron la calle Mayor gritando: ¡Viva España!, ¡Muera Maceo!

Sí, era la guerra, pero una guerra entre muchachos: los del Barrio de Las Eras, contra los de La Pelilla. La batalla tuvo lugar en el campo de Las Fuentes, a pedrada limpia. Aunque nunca tuve ocasión de presenciarlas, aún continuaba la costumbre, en mis tiempos de muchacho imberbe; entonces el bando de La Pelilla eran los de Mallorca y el campo de batalla era el Polvorín, que le iba mejor por la hechura, pero, sobre todo, por el nombre un tanto guerrero. En el desfile que narra Sánchez Díaz, solamente intervenía uno de los ejércitos: el vencedor, con el grito y consigna de ¡Viva el valor!, ¡Viva España!, ¡Viva el Barrio de la Pelilla!

Pero la noticia más importante para la Villa fue publicada el 27 de Febrero de 1896, con el título: Un héroe reinosano. Se trataba de Don Darío Diez Vicario, que, después de graduarse en Bachiller y Peritaje Mercantil cursó los estudios de Táctica Militar y Artes de Guerra en la Academia de Toledo. Ya con el grado de Comandante, fue voluntariamente a la guerra de Cuba. El hecho heroico al que hace mención nuestro periódico, tuvo lugar en las cercanías de Nueva Paz; nuestro paisano actuaba frente a un ataque enemigo como jefe de vanguardia y tuvo el mérito y fortuna de rechazar la embestida sin sufrir un rasguño, pese a introducirse entre los atacantes y sus soldados, batiéndose armado de un machete, según información del periódico LA REGIÓN de Matanzas y la prensa de Madrid, que comenta CAMPOO.

En el mismo número, como contraste, se comenta la actividad de Don Pepe en la campaña de Cuba. Entre las operaciones de tal señor está la de subvencionar periódicos separatistas, ganar dinero a base de contratas sobre armamento, dejar entrar y salir a cabecillas insurrectos, pues el tal Don Pepe parece ser que era militar, aunque nadie respire sobre el tema de su identidad y nos quedemos con las ganas de saber si fue identificado y recibió el pago a que se hizo acreedor por sus patrióticos servicios.

El Ayuntamiento de Reinosa tomo el acuerdo de regalar a Diez Vicario la medalla militar que le fue concedida por sus recientes servicios en Cuba, según informa nuestro semanario. En este mismo número de fecha 19-3-1896, se da noticia del fallecimiento del soldado, Lucas Caballero Valverde, natural de Reinosa, en acción de guerra, interesándose por el paradero de sus padres o parientes más próximos. También se informa de las rogativas celebradas en la iglesia de San Francisco, en favor de los ejércitos españoles, y se publica una poesía titulada Suspiros, que se hace eco del penoso estado de ansiedad de muchas familias españolas; transcribimos la siguiente estrofa:

Un tributo a la Patria pagas con gloria yendo a la guerra en busca de la victoria. Bien que lo hagas. Y el llanto de tu madre ¿con qué lo pagas? Su autor es Adolfo T. Fuente, uno de los muchos colaboradores ocasionales.

Embarque de tropas en Santander hacia Cuba. 1896
Tropas del 6º Batallón Penínsular embarcando en el Vapor “León XIII”. 1895.

Continúan las protestas, latentes en la población que no está de acuerdo con muchas de las situaciones; así en un suelto titulado ¡Basta ya!, se comenta que es hora de abolir la ley de castas, alegando que nadie debe librarse de ir a la guerra por pagar 2000 pesetas.

Continúa la brillante actuación en campaña del comandante Diez Vicario y se formulan propuestas para concederle nuevas distinciones, obteniendo otra Cruz Roja y la Cruz de María Cristina. Volvió a la península con el grado de coronel y con motivo de su ascenso a General, unos años más tarde, en Abril de 1909, el Ayuntamiento de Reinosa tomó el acuerdo de dar su nombre a la plaza conocida con el nombre de El Espolón, en la que había nacido el día 16 de Junio de 1858. Murió durante una acción bélica en la guerra de África.

Siguen publicándose duras críticas, aunque revestidas de humor y en verso, como en el caso que transcribimos firmada por otro espontáneo colaborador, Gerardo Fernández, que titula “Carta o esquela de un reservista a su mujer”, donde se advierte cierta premonición:

Regreso de operaciones y estoy de salud muy bien, tabaco, ni un susini dinero, no hay para qué. Catorce días en marcha, persiguiendo a no sé quién, tengo los hombros tullidos y reventados los pies. Máximo murió tres veces es como el fénix aquel que resucita del polvo. Ahora está en Camagüey rodeado de Amazonas en continuada soirée. Esta guerra no concluye el año noventa y seis, ni en todo el siglo, yo creo, y se asegura con fe están preparando el horno para arreglar un pastel; comerán la mejor parte, como siempre, los yanquées…

Aunque en desuso, según la Real Academia, el remoquete filibustero designaba a aquellos “que trabajaban por la emancipación de las que fueron provincias ultramarinas de España”. A esta gente muy denostada a todos los niveles, se refiere Tiang Su en su sección Chinitas del semanario CAMPOO.

Los filibusteros que agobian a España ni cruzan los campos ni empeñan batallas, ni conocen Cuba más que por el mapa. Mientras los soldados en Cuba pelean por dejar de España la bandera. Los filibusteros por Madrid pasean plagados de honores, cruces y encomiendas.

Cortejo fúnebre por los héroes de la guerra A juzgar por los comentarios de la prensa, la guerra continua de manera sorda, sin que se produzcan novedades importantes. En julio de 1897 CAMPOO destaca el hecho de que se han activado las operaciones en la zona oriental, con objeto de establecer campos de cultivo, produciéndose encuentros en las provincias de Matanzas, Habana y Pinar del Río. Se hacen alusiones a la posibilidad de una guerra con Estados Unidos y el temor comienza a hacerse público “no es la primera isla que perdemos ni la última que perderemos”.

Hay noticias de soldados de la comarca que se encuentran en distintos frentes; por ejemplo, un oficial reinosano, Vicente González, escribe desde Cavite, comentando que se están haciendo esfuerzos para pacificar el archipiélago filipino.

Llegan a Reinosa, Manuel García Quevedo, “de esta villa” y Urbano García Vallejo, de Ruerrero, por encontrarse enfermos y parece que existen quejas generalizadas del escaso cuidado que reciben en los barcos que les transportan. Se dan casos de disentería y anemia por lo inadecuado de la comida; algunos dicen que solamente comían bacalao. Sánchez Díaz pone en boca de un soldado anónimo:
“Yo soy un pobre soldado que viene de la campaña, un amor que me espere, sin una sola esperanza.” En primera página de un número de CAMPOO, aparece el siguiente anuncio: LA CUBA – Mercado 13, Reinosa.- “Paquetes de papel para retretes, conteniendo cada uno tantas hojas como individuos componentes de las cámaras norteamericanas. Cada una lleva impreso el retrato de uno de los referidos individuos. Se avisará del primer día de venta y el precio.”

Este anuncio se produce como consecuencia del dictamen de las cámaras norteamericanas, diciendo que el pueblo de Cuba es y debe ser libre y que los Estados Unidos deben exigir al Gobierno Español que renuncie a su autoridad en Cuba. En Febrero de 1898, se rinde homenaje a un campurriano, Don Hipólito Rodríguez Mollinedo, por su trayectoria y actuación en la campaña de Cuba: en 1876 era cabo 1º; en 1888 pasó al cuerpo de orden público y en 1895, recrudecida la guerra, pasó al mando del destacamento Jesús del Monte.

Otro campurriano, Joaquín Martínez, natural de Barrio, fue propuesto para la Cruz de San Fernando, habiendo sido herido varias veces; mandaba una unidad en Maltiempo, sufriendo un fuerte acoso, por el que murieron diecisiete hombres.

En la primavera de 1898, nuestro periódico local se hace eco de los comentarios a nivel nacional, dando cuenta de la posible inminencia del enfrentamiento con los yanquis.
Veamos una serie de frases que pueden leerse en CAMPOO, sobre este tema: “Si estalla la guerra entre españoles y americanos, claro es que, a la postre, vencerá la nación más rica y más grande.”

“Es hora de que dejemos de echar margaritas a puercos, o a norteamericanos, con perdón.”

“Se organizan manifestaciones patrióticas contra los insurrectos y sus protectores yanquees.”

Se publican, asimismo, numerosos versos patrióticos, atribuyendo la presunta victoria a España y comienza a hablarse de una suscripción nacional para hacer frente a los gastos de la guerra.

El Ayuntamiento de Reinosa se reúne con carácter extraordinario para “ver la manera de coadyuvar a la obra patriótica. En la sesión, se acuerda suscribirse con un donativo de 1000 pesetas, como primera aportación; se suscribirá con más cuando la economía lo permita.”

En su sección Chinitas, dice Tiang Su: “Todo manifestante está obligado a dar una peseta para atender los gastos de la guerra. El que no satisfaga ya esos cuatro reales, que se trague los vivas y que no meta ruido.”

Se conoce perfectamente la muerte de varios campurrianos en acción de guerra, nuestro semanario hace públicos numerosos casos. Mencionemos algunos que hemos detectado: Ángel Pérez Sola, de Reinosa, Lucas Fernández Saiz, de Villar y Pedro Martínez Ortega de Los Carabeos.

Según datos de la prensa provincial, así fueron sucediendo los acontecimientos más importantes:

El 17 de Febrero de 1898, toda la prensa santanderina comenta la voladura del crucero Maine y EL CANTÁBRICO comenta la noticia con un verso de Espronceda: “Es tanta mi desventura que me lo habrán de achacar…” . Se producen reacciones de indignación por el hecho de pedir los yanquis una crecida indemnización.
En 1º de Mayo se conoce en España el desastre de Cavite, en el que se perdieron los barcos de la escuadra existente en Filipinas.

El 11 de Mayo, el Gobierno de Estados Unidos acordó invadir la isla de Cuba y el 17 de Julio se produjo oficialmente la rendición de Santiago. Con fecha 14 de dicho mes, la crónica madrileña, que venía publicando CAMPOO, decía: “Lo ocurrido es tristísimo y de una magnitud terrible. No vale la pena hacerse ilusiones, estamos perdidos.”. En Chinitas se comentaba ” Ya terminó nuestro poderío naval y nuestro relativo poderío.”
El 26 de Julio se publicaba el último número de CAMPOO. Cansancio, desánimo, depresión … nadie podría afirmarlo, mas, según parece, se produjo un desencanto generalizado y se dieron casos muy significativos, como el abandono de empresas más o menos ligadas comercialmente con Ultramar y en otras actividades de variada índole, que creyeron perder un importante sector en sus posibilidades.

El fin de hostilidades fue acordado por ambos gobiernos a mediados de Agosto. Ya en el otoño se producen las primeras negociaciones que concluyeron con el Tratado de París con efecto desde el 10 de Diciembre de 1898, según el cual se perdieron las últimas colonias: Filipinas, Cuba y Puerto Rico.

LA CRÓNICA DE SANTANDER, con fecha 27 de Diciembre de 1898, describe la llegada a Santander de los restos de los héroes de la última epopeya española: Santolcides, Vara del Rey y Eloy González (el héroe de Cascorro)”. Llegaron en el barco “San Ignacio de Loyola”, para ser trasladados en ferrocarril a los destinos previstos. Se formó una comitiva, presidida por las autoridades y escoltada por un destacamento de caballería de la Guardia Civil.

Cruz Roja-Heridos de-Cuba llegan a Santander. 1896
La Cruz Roja y heridos en Cuba llegan a Santander. 1898

Fue un año aciago a nivel nacional, aunque no todo lo malo fue consecuencia del acontecimiento que sorprendió y hasta acomplejó a muchos españoles, por ejemplo, en la comarca campurriana ocurrieron algunos hechos de alguna mala fortuna, como la desaparición del semanario que ostentaba su nombre; el fallecimiento del genial pintor de Matamorosa, Casimiro Sainz, en la clínica del doctor Esquerdo, de Madrid; el violento incendio que destruyó, con todas sus existencias del kiosko que la primera fábrica quesera de España, tenía en su Estación del Norte; la chispa eléctrica “que penetró por la parte media de la pirámide que remata la torre de la iglesia y, después de abrir un boquete en la fachada Sur, recorrió la caja de la torre y partió por la mitad una de las pesas del reloj. También en este año, se difundía la leyenda del Pozo Pozmeo, según la cual, un carro con sus vacas y el paisano que las conducía, que se durmió sobre la carga de sacos, sin apercibirse de que la pareja dejó el camino real, entraron en el pozo para beber y desapareció toda la comitiva “en el fango, para siempre, de manera rápida e inevitable”.

Cruz-Roja-Heridos de Cuba llegan a Santander. 1896
La Cruz Roja y heridos en Cuba llegan a Santander. 1898

Lo que sí dejó la desgraciada campaña, fue un ambiente de inquietud amañado, en algunos ambientes con emotivas evocaciones de quienes lo vivieron que, a nivel popular, contaban historias, reales o inventadas, como algunos que conocimos, los ya mayores, y que hacían sus tertulias alrededor de los bancos de la plaza de España o de la Iglesia, de algunos como Farragús, aún recuerdo, aunque no sé si actuaba de oyente o narrador. Pero conservamos el testimonio escrito que nos dejó nuestro paisano Luis Mazorra, en “Narraciones de Antaño”, contando “Las Hazañas de Tobías”. EL tal Tobías aseguraba que había estado años y años en Santiago, en Cienfuegos y en Caibarién, además de haber recorrido toda la península, y si le hubieran dejado seguir habría dado vuelta al mapa de España y al Universal, según comentarios del autor, que nos cuenta cómo en una tertulia, uno de los asistentes, le interrumpió para decirle:”… según las cuentas que he ido llevando aquí, tienes ya la friolera de ciento diecisiete años. No los representas…”

Llegada de heridos de Cuba a Santander. 1896
Llegada de heridos en Cuba a Santander. 1898

Y sigue el Tobías refiriéndose concretamente a sus andanzas por Cuba: “¡No hay cuidado, en La Habana no entran! -decía solemnemente Tobías.

-¡Qué cañones! Recuerdo que el difunto Fulano y yo íbamos algunas tardes por las cercanías del castillo de La Cabaña y a la sombra de un cañón de aquellos, andábamos una o dos horas”.

Como prueba de resignación e incluso de conformidad, ante las adversidades que habitualmente nos amenazan, y, ante una posibilidad de desquite, por mínima que sea, nos ha quedado la frase, con rango de refrán: “No todo se perdió en la guerra de Cuba”. Esta fue la oportuna reacción de un periodista, ante el anuncio que se publicó en el Boletín de Comercio de Santander, ya en 1899, con el siguiente texto: “Se ofrece un ama de cría de 23 años, con leche fresca, que desea criar en su casa”.

BIBLIOGRAFIA

Ramón Rodríguez Cantón, “Cuadernos de Campo”.

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