PECIO SKOTTLAND, HUNDIDO A DOS MILLAS DE CABO MAYOR EN 1938.

scotland
El cargero Scotland (Skottland)

Pequeño cargero Scotland (Skottland) se hundió por vía de agua en 1938… Se encuentra próximo al otro barco hundio “Río Miera”, en un fondo de arena a 48 metros.

El día primero de año de 1938 se hundía a dos millas de Cabo Mayor el único buque que, batiendo pabellón extranjero, vino a caer durante los años trágicos de nuestra guerra civil en aguas santanderinas. Su enterramiento exacto está a unas brazas del de su hermano gemelo, el montañés «Río Miera», que terminaría por hundirse en el mismísimo paraje el 6 de diciembre de 1951.

Extraña predestinación la de estos dos buques, nacidos ambos en una misma época en astilleros neerlandeses, con una similitud absoluta de silueta y proporciones, que acaban al cabo de treinta años por reunirse en la misma fosa, a lo mejor casco con casco, en quince brazas de agua entre el Cabezo de Tierra y La Vaca, a la vista del faro. Los dos se hundieron de noche, bajo el pantallazo blanco de la luz costera, con el garabato de sus tres palos perforando la mar y la sombra de una despedida sin
vuelta.

El protagonista fue un barco noruego, «Skottland» de nombre y Haugesund de matrícula, que nació el año 1919 con el número 408 sobre las gradas de Geb. jönker en Kinderdijk. Era un carbonero de máquina a popa, pozo en la bodega de proa, un pequeño puente solo sobre el saltillo y tres palos; registró en principio 694 y más tarde 736 toneladas de arqueo y cargaba un peso muerto de 950 toneladas métricas. Su eslora tenía 181,7 pies, su manga 28,5 y el puntal 12,2 el castillo media 21 pies, el puente 12 y la toldilla larga de popa 106. Llevaba una máquina de vapor Bolnes —idéntica también a la del “Río Miera” – de 83 NHP. y triple expansión. Empezó a prestar servicio en la más importante naviera belga, el Lloyd Royal Beige, con el nombre de «Elvier» en compañía de un gemelo llamado «Hastier» y eran ambos los dos menores de su flota, en realidad unos pequeños carboneros que correteaban El Canal y los puertos del Mar del Norte.

En 1930 se vende al armador inglés. H. Cubbet, de Goole, y con bandera británica pasa a constituir la única unidad de la lona Shipping Co., de Newcastle. En 1934 se matricula en North Shields y pasa a propiedad de la Cullercoat Shipping Co., y finalmente en 1935 abandona el pabellón inglés —el red duster- y pasa a los armadores noruegos Nordbö, de Haugesund, que lo rebautizan ‘Skottland’ y lo pintan de chimenea negra con una franja roja bordeada de blanco y con una N también blanca en el centro. El «Skottland» fue uno de los primeros barcos extranjeros, aparte de los alemanes, que recalaron en nuestras aguas todavía en plena guerra a finales de 1937, reciente la liberación del norte. Patrullaban el «Alava» y el «Galerna» y la flotilla de bous del Cantábrico ante la amenaza en potencia de los flecos rojos de las fuerzas navales republicanas del norte refugiados en Francia. Teruel, el cénit trágico de nuestra contienda con horror de nieves y amigos perdidos para siempre en la pesadilla espeluznante de la Muela y el Seminario, ponía una nota de angustia y decisión en aquellas Navidades con el presentimiento en nuestras entrañas del triunfo a ultranza. El control de la No Intervención, ponía escrúpulos y parcialidades; la guerra mundial se acercaba por segunda vez y con ella el destronamiento del admirable caciqueo de la Royal Navy en aguas propias, libres y ajenas.

Por eso el Skottlando, en plenas Navidades de hielo y de fuego, apareció una mañana inverso en la tersura del azogue plano de la bahía dando al aire el gallardetón blanco con los dos discos negros del Control, señal y pasavante del mangoneo intolerable que se pretendía imponer sobre la sangre y la furia de España en armas. A bordo del carguerín noruego viajaba un oficial de su Graciosa Majestad encargado de la fe pública internacional…

De Santander, con práctico a bordo y en lastre, el Skottland levó anclas y se fue a Requejada para cargar en Hinojedo sus buenas 850 toneladas de pirita de hierro, y el día de Nochevieja, con las últimas luces de la tarde, largaba amarras y ría abajo buscaba la mar con destino al puerto francés de Tonnay-Charente.

Cuando curzaba la barra de Suances, por causa de la fuerte marejada reinante y del correntín de la desembocadura de la Traviesa de Adentro, el “Skottland” se desvió de la enfilación tocando en unas piedras del margen del canal, que le produjeron una importante vía de agua en el pantoque. Como los medios de reparación en aquel lugar eran prácticamente inexistentes, el capitán, por consejo del práctico, decidió dar toda máquina para llegar a Santander – 15 millas de distancia- , a fin de descargar y entrar en uno de los dos diques secos de la capital. El “Skottland” echaba por la chimenea los redaños de todos los caballos de su alternativa en una regata contra reloj a vida o muerte para mantener la invasión del agua en su casco.

Y llegó hasta Cabo Mayor; no pudo seguir más adelante porque el agua penetró en la sala de calderas y llegó a las bocas de los hornos. Entonces el “Skottland” pitó hasta desgañitarse, lanzó bengalas y, viendo que nadie llegaba en su auxilio, fue abandonado por sus 14 tripulantes que pasaron a los botes salvavidas.

La luz del primer día del año 1938 ya no llegó a tiempo para el pequeño “Skottland”; su gente la recibió, anonadada, desde la seguridad tranquila de nuestra ciudad en pie de guerra.

Bibliografía:

GONZALEZ ECHEGARAY, RAFAEL (1976) – Naufragios en la costa de Cantabria. Santander: Ediciones estudio. ISBN 84-241-9954-5

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