LA BATERÍA DE SAN PEDRO DEL MAR, LA MARUCA.

Ruinas de La Batería de San Pedro del Mar, La Maruca.
Ruinas de la Batería de San Pedro del Mar

Caminando por el sendero que discurre al lado de la playa en dirección al mar se alcanza la Batería de San Pedro, una fortificación documentada desde 1660 que se edificó para proteger Santander de los ataques de los piratas y se mantuvo activa hasta después de la Guerra de Sucesión (1702-1713) entre Borbones y Austrias. La Batería tenía un muro de unión entre el edificio en el que se guardaba la munición y la plataforma desde la que disparaba la artillería. Este entramado estaba protegido, a su vez, por una fortificación exterior con foso. El edificio, que estuvo en ruinas durante décadas, ha sido recientemente reconstruido y es hoy un centro de interpretación del litoral con un mirador en la parte superior.

En octubre del año 1660, el canónigo suizo Pellegrino Zuyer se dirigió a las Montañas Bajas de Burgos y emprendió un viaje que le llevó a recorrer la franja del litoral cantábrico desde la ría del Nervión hasta San Vicente de la Barquera, regresando a la Meseta por Los Tojos y Reinosa. Su visita al agreste norte concluyó el 5 de diciembre y sirvió al religioso para elaborar un minucioso informe destinado a juzgar la oportunidad de erigir un obispado en la zona examinada.

El ‘Itinerario’ de Zuyer, un texto de 34 folios escritos en italiano, incluye un plano de las Montañas Bajas del arzobispado de Burgos, un plano de Santander y otro de su colegiata. En la carta de la villa se da cuenta de las fortificaciones situadas extramuros: La batería de San Martín, en el alto homónimo; los castillos de Hano y de la Cerda, en la península de la Magdalena; y la plaza de San Pedro del Mar, junto a la playa de la Maruca, en Monte. Desaparecidos los castillos y las estructuras que los sustituyeron en los siglos XVIII y XIX, han resistido al paso del tiempo las últimas modificaciones que conociera la batería de San Pedro del Mar.

Ruinas Batería de San Pedro del Mar, La Maruca
Ruinas de La Batería de San Pedro del Mar, La Maruca.

Las reformas del XIX

Centrándonos en la historia de este singular punto defensivo, en el año 1763 el ingeniero militar Joaquín del Pino levantó un plano y perfil del mismo. En él se aprecia un recinto cuadrangular rodeado por un muro de tierra, con una plataforma de losas de sillería tras la batería de barbeta, en cuyo interior se alza una construcción rectangular, para resguardo de la guarnición, el polvorín, las cureñas y otros pertrechos.

El 13 de agosto de 1806, el puesto, dotado con cuatro cañones del 24, fue asaltado por tres pequeñas embarcaciones inglesas. En vista de lo sucedido, al año siguiente se erigió un fuerte proyectado por el ingeniero militar Juan Giraldo. Se trataba de un recinto de planta pentagonal irregular, lo rodeaba un muro de mampostería al cual se abrían aspilleras y se interrumpía en la sección de la batería de barbeta. En su interior albergaba una construcción destinada a la tropa. En 1874, al sur de esta batería se adosaron una serie de fortificaciones.

En 1875, en plena tercera guerra carlista, se ejecutó una línea fortificada que pretendía aislar la península de Santander, y que incluyó la vieja batería de San Pedro del Mar. Se levantó un muro aspillerado que la rodeaba por tres de sus frentes, de mejor factura que el que se levantó en 1807 a base de piedra y madera, lo que la convertía en un excelente reducto de cierre por el lado norte de todo este sistema.

Así la función primigenia de la batería, la de proteger con sus cañones la parte de costa correspondiente, quedó anulada (aunque desde hacía muchos años sus características la hacían inútil ante las potentes piezas de los acorazados) en aras de una concepción defensiva distinta, que miraba hacia tierra al no temer ataques por mar (los carlistas carecían de escuadra).

En 1901 fue inscrita en el Registro de la Propiedad por el Ramo de Guerra. Después de ser utilizada por carabineros, pasó a ser usada como almacén del retén de la Guardia Civil.

Ruinas de La Batería de San Pedro del Mar. La Maruca.
Ruinas de La Batería de San Pedro del Mar, La Maruca.

La Historía

La necesidad de prevenir un posible desembarco que obligó a la villa a fortificar el Sardinero forzó a principios del XVIII a la construcción en el norte de baterías en pequeñas ensenadas (capaces para acoger embarcaciones menores o para realizar desembarcos) y sobre los emplazamientos de antiguas atalayas costeras. Una de ellas se levantó en la cala de San Pedro del Mar en Monte, configurándose como una típica batería costera de la época, constituida simplemente por un murete que enlazaba un edificio a retaguardia para resguardo de la guarnición y de la pólvora más una plataforma a barbeta rebajada al extremo noroeste, aunque ofrece la novedad de cuidar su frente de tierra mediante una especie de hornabeque con foso y muro (de apenas 1,5 m de altura) a modo de parapeto. En 1719 se destinaron a esta posición cuatro artilleros.

San Pedro del Mar, el plano levantado refleja con la misma exactitud la situación de la batería, que en 1763 englobaba una extensión de terreno de unos 1.800 m2. La única estructura seguía siendo el edificio de 75 m2 (13,5 x 5,5 m) con vanos abiertos al sur y tres habitáculos, uno para pólvora, otro para almacén de pertrechos y a la vez alojamiento de la tropa necesaria (estimada en dos artilleros y quince soldados) y el último para alojamiento del oficial. Seguía sin existir un cubierto para cureñas, lo que forzosamente debía deteriorar mucho los cañones, puesto que estaban expuestos a los grandes temporales del norte y nordeste.

Fig. 19

Plano y Perfil de la Baterìa de san Pedro del Mar, situada en el Lugar de monte al Norte de Santander, por Jesús del Pino, 1763 (AGS, MPD, sig. XXV-115)

 El corregidor marqués de Villatorre encargó en diciembre de 1765 un estudio del estado de las baterías y un plano de la bahía al comandante Vicente Winer, teniente coronel de Artillería destinado en las fábricas de La Cavada. San Pedro del Mar se encontraba prácticamente abandonada, pues los dos cañones de a 24 y los dos de a 18 que poseía se hallaban inútiles para el servicio.

Tras apenas una década de paz, el siguiente esfuerzo fortificador se produjo con la declaración de guerra a la República Francesa. Ya en febrero de 1793 el ayuntamiento solicitó a la Corona la puesta en defensa de la ciudad, enviándose al teniente coronel de Artillería Jerónimo Leoni como Comandante de toda la costa del Mar de Cantabria y poco más tarde Agustín Mazorra fue comisionado para articular la defensa costera. Cabo Menor sólo precisaba un reparo general y aumentarle un repuesto de Polbora con su buen tinglado para preservar los Cañones de las Aguas, faltándole asimismo una garita para la Centinela, y como para Aguirre la batería de San Pedro del Mar tenía gran valor por defender las dos pequeñas ensenadas inmediatas y hallarse a tan corta distancia de Santander, aconsejaba poner todo el cuidado posible en su defensa.

En 1797 el capitán de Infantería e ingeniero extraordinario Antonio de Sangenís fue comisionado para reconocer la costa cántabra, comentando el estado de cada una de las fortificaciones existentes. para que San Pedro del Mar pudiera defender eficazmente la pequeña ensenada situada en su costado este, propuso Sangenís prolongar unos 20 m su parapeto y explanada; pues en la actualidad no pueden sus fuegos tomar ciertas direcciones, que según las circunstancias podrían ser de la mayor importancia, obra que costaría 7.700 reales.

La fortificación de San Pedro del Mar ejemplifica lo difícil y costoso que resultaba la adecuada defensa costera de la península santanderina. La batería se reparó, y amplió considerablemente hacia el norte el edificio, que contó a partir de entonces con un amplio cuerpo de guardia para la tropa, además del aposento para el oficial, cuarto de pertrechos y repuesto de pólvora. El 13 de agosto de 1806 se aproximó un bergantín inglés, cañoneó la batería y desembarcó tropa que volvió hacia tierra una de las cuatro piezas de a 24 con que contaba y bombardeó con ella la ciudad, mientras sus defensores les incomodaban disparando desde una eminencia cercana. Como medida provisional, dos días después ya se habían instalado en la isla de Nuestra Señora del Mar dos cañones de a 12 libras y se comenzó a estudiar el reforzamiento de la batería.

Giraldo propuso restablecer el aspecto que el conjunto de San Pedro del Mar tenía en 1763, cerrándolo con un murete de mampostería adaptando su configuración al antiguo hornabeque que la abrazaba, cuyas tierras han de servir para cortar la banqueta, para evitar así otro golpe de mano; sólo contempló como novedades la realización de un fosete frente a la zona de batería y la posibilidad de colocar un quinto cañón prolongando siete y medio pies de esplanada a cada lado: lo que aumentaría el coste solo 680 reales a lo calculado.

Este proyecto fue modificado por la Junta Superior de Ingenieros el 19 de agosto de 1807, aprobándose mediante Real Orden de 12 de septiembre la traza definitiva. En una demostración de pragmatismo, las obras de 1807 implicaron una remodelación sustancial, pues (con un coste de 15.971 reales y 29 maravedíes) se redujo el recinto a casi la mitad de su extensión original, empleándose el edificio como parte del cierre del frente de tierra y como único acceso al interior de la batería.

La línea exterior (con un muro de mampostería concertada) quedó reducida a 309 pies, y esta reducción superficial exigía el desmonte de las tierras de la obra preexistente con el fin de despejar completamente la zona inmediata, además del arreglo del terreno interior para los desagües. Se mantuvo el sistema de hornabeque para el frente de tierra, que se extendía en 156 pies y que poseía su correspondiente foso con canal de desagüe, practicándose el acceso por medio de un rastrillo.

La mayor novedad desde el punto de vista de su función defensiva la constituyó la sustitución del bajo murete de cierre del conjunto por un muro con banqueta y aspilleras dispuestas en diferentes oblicuidades y variedad de sus direcciones. También se planeó colocar merlones, pues al estar situada la batería a una cota muy baja no era nada adecuado el parapeto rodillero, pero Godoy anuló la orden confiando en la pronta entrega de las nuevas cureñas de marco alto (lo que, por otra parte, también obligaría a elevar el parapeto existente).

En la guerra de la independencia, Los franceses también cerraron la batería de San Pedro del Mar con la construcción de sendas alas en sus costados y con la erección de muros aspillerados en el oeste, sur y este.

Por estas mismas fechas se puso de nuevo en utilidad la batería de San Pedro del Mar (que una vez acabada la Guerra de la Independencia volvió a quedar fuera de servicio), haciéndose para ello ligeros reparos en su cuerpo de guardia por importe de 138 reales de vellón, puesto que no se ejecutó el proyecto de reforma firmado por el Capitán General de Castilla la Vieja Carlos O’Donnell.

Como tras la Guerra de la Independencia las tensiones no acabaron y siguió reinando la inseguridad en toda España a consecuencia de las pugnas entre liberales y absolutistas, Fernando VII aprobó en 1816 varias obras para Santander, encargándose en 1819 al ingeniero militar José Parreño y Pastor, responsable de las defensas cántabras.

Tenemos un informe de 1825 del teniente coronel de Ingenieros Miguel de Santillana: San Pedro del Mar tenía de nuevo sus piezas clavadas, proponiéndose volver a ponerla en estado de defensa con dos cañones de a 24 y dos de a 16.

Texto cortesía de Rafael Palacio Ramos.

BIBLIOGRAFÍA

Rafael Palacio, Por mejor servir al Rey. El entramado defensivo de Santander (siglos XVI-XIX), Santander, Ayuntamiento de Santander, 2005, 277 pp.

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